El humo de los autos, de los taxis, los autobuses, los carritos, las chimeneas de las casas y edificios, de las fábricas...,de un cigarro. El ruido de la gente, los motores y bocinas, el tránsito, los pregones, los insultos, etcétera. Los peatones caminando como desesperados, pechandose los unos a los otros, cada cual en su monósfera con sus propios intereses; los trileros en las aceras timando a cualquier bobo curioso que se anime a darles un billete creyendo que puede probar suerte; los stands clandestinos que, en la vereda, venden lo que sea: mates, bombillas, termos, tapas de termos; juegos de pc, playstation, family, o lo que sea; películas pirata, o discos. Las plazas repletas de artesanos con sus paños que venden sus manufacturas al mismo tiempo que se toman una cerveza o fuman un porro, sin que eso les parezca inadecuado.
Todo eso y tantas otras cosas. Las viejas quejumbrosas, altas defensoras de una moral de otro tiempo en el que, según afirman, todo era mejor. Los gordos burgueses sentados en los cafés bebiendo su cortado y devorando medialunas casi con la misma avidez con que se comen el diario matutino. Los pichis durmiendo sobre cartones, tapados con viejas y mugrosas frazadas, cobijados, con suerte, por algún viejo pórtico que se hayan ganado como lugar asiduo con el paso de los años. Los planchas en las esquinas acechando a todo el que les pase por al lado o salga de un quiosco para pedirle una moneda, sea, sinceramente, para el vino, o bajo otro pretexto, siempre tan cargosos, molestos, infumables.
Los barrios, las calles abundantes de sombra por los árboles, los niños que juegan en la vereda con la pelota, o simplemente correteando. La gente sentada en la puerta a media tarde, con mate y galleta, radio y prosa, matando el tiempo.
La ciudad, con su alegría y tristeza, su amor y su odio, su risa y su llanto, sus festejos, sus crímenes, sus mártires, sus torturadores y torturados, sus historias de gloria y sus retratos más trágicos; con todo lo que conlleva por el peso de la civilización, esta ciudad, mi ciudad, no puede nunca dejar de ser la fuente de donde mana mi inspiración.

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