Si es que me callo
no es porque quiera,
ni es porque deba;
es que no me atrevo
a romper el silencio.
Al “bobo” cobarde
le tiembla la fibra,
esconde lo que siento.
Maldigo el momento
en que vi tu mirada
buscar mis pupilas,
hurgar bien adentro
de mi lastimosa
alma de perro,
que de una sonrisa
simple se enamora.
Maldigo la hora,
que empaña mi suerte
de labios callados,
caricias inertes.
Maldigo el reloj
que no se detiene,
que no me da tregua,
que no me conviene.
Hoy miro mis manos,
vacías, gastadas.
La vida me lanza
furiosas patadas.
Seguir resistiendo
se ha vuelto rutina,
seguir respirando,
solo eso es la vida.

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